De acuerdo con los datos asentados en la Gaceta del Gobierno del Estado de México, una vez que los españoles tomaron Tenochtitlán y tomando el mando como autoridades de lo que llamaron la nueva España el cuidado adoctrinamiento de los habitantes de Ecatzingo quedaron a cargo de la orden de los dominicos, quienes visitaron la comunidad desde el año de 1534.

Los dominicos dependían del monasterio que se encontraba en la cabecera de Chimalhuacán-Chalco, que durante el siglo XVII administraba un área que comprendía todos los pueblos de las faldas del Popocatépetl, entre ellos Ecatzingo, en el orden religioso un clérigo de la orden de los dominicos visitaba de manera periódica la Iglesia de Ecatzingo, cuya construcción se realizó en honor de San Pedro y San Pablo entre los años de 1600 a 1750, convirtiéndose en Parroquia en el año de 1750, con el paso  del tiempo ha tenido cambios significativos.

Desde el inicio de su construcción a la fecha, la Parroquia de Ecatzingo ha estado inmersa en el misterio y las vicisitudes propias de las políticas administrativas, al estar geográficamente instalada en una zona que durante años fue sujeta de negociación entre la zona de Chalco y el Señorío de Ocuituco, para quedar definitivamente dentro del territorio de Chalco en el Estado de México, situación agravada también por las constantes averías sufridas y quizá saqueos realizados durante la época revolucionaria ,al estar ubicada dentro de la zona de lucha entre las tropas federales y los revolucionarios zapatistas.

A la fecha la Parroquia consta de un rico bagaje cultural de obras religiosas que aún se conservan en su interior, dentro de las que figuran la escultura de San José realizada en el año de 1831, el Retablo que se localiza dentro de la sacristía de la misma época y otra recién pieza religiosa (San Pablo), localizada en el interior de la Capilla del Barrio de San Martín y así distintas imágenes cuentan con un mínimo de 100 años de antigüedad.