En nuestro país en las últimas semanas se han suscitado desafortunados ataques a sacerdotes católicos que terminaron con sus vidas. Estos hechos nos han conmovido y nos llevan a pensar: ¿existirá una persecución religiosa en nuestro país?

Porque no solo es el lamentable hecho de sus muertes, sino también algunas propuestas mediáticas que malversan las supuestas causas y el contexto en que se dieron estos ataques. Más que señalar la pérdida de vidas, y lo gravoso de estas situaciones, en un país en el que los homicidios documentados apuntan que, de 1990 a 2016 van 55 crímenes en contra de presbíteros, sacristanes y religiosos; algunos medios de dudosa reputación han resaltado un juicio equivocado, tendencioso y sin sustento real, que abona a un injusto linchamiento de opiniones en los medios digitales. Tal parece que se trata de encontrar la oportunidad para poner en el centro de la opinión pública, cuál piñata, todo lo que suene a fe católica, juzgándolo ya desde el concepto de su profesión religiosa.

Por otro lado, debido a las recientes manifestaciones del Frente Nacional por la Familia (organización ciudadana no doctrinal), a las cuales se han adherido los católicos con una clara postura respecto a la ideología de género, y la deconstrucción social que proponen algunas cúpulas gubernamentales, también desataron un juicio a este derecho de voz; utilizando argumentos llenos de intolerancia y con una inclinación evidente a la división social. Con una falsa bandera de inclusión e igualdad, se ha manipulado a sectores para confrontarlos abiertamente con la fe católica, provocando así prejuicios cuando se trata de expresar la opinión personal sobre el tema.

Ambas situaciones nos pueden llevar a pensar: ¿en verdad serán hechos aislados las muertes de sacerdotes, en este ambiente de desacuerdos por los ataques contra la figura de la Familia?, más aún cuando a estas circunstancias se abona una agria tendencia mediática para calificar de retrograda e intolerante la expresión de la fe. ¿Serán avisos desde los grupos de poder para evitar que las políticas sociales impuestas tengan un freno?.

Creer en esta hipótesis también tiene su riesgo, pues nos puede llevar a caer en suposiciones mientras no se determine claramente que sucedió realmente en cada uno de estos casos. Sin embargo ya podemos ver una consecuencia social: El miedo a expresar la fe. Así, en este país con un porcentaje superior al 80% de católicos (aproximadamente cien millones de personas), en muchos de ellos existe el temor de decir abiertamente “Yo soy católico”. Aún más, en ocasiones se puede caer contradictoriamente en una fe “a escondidas”, creo pero no lo demuestro para evitar el conflicto con la sociedad y el mundo actual. No vaya a ser que me califiquen de retrograda y anticuado, o de estar pasado de moda. Ese es un verdadero atentado, y no viene de ninguna clase política o grupo de poder, es el temor propio a la calificación de los demás. ¿Ya te diste cuenta?.

Dios nos llama a ser valientes, a no tener miedo, ya que la fe se sustenta en la confianza y la expresión de lo que se cree. Seamos valientes, defendamos nuestra fe, mostrémosla y seamos auténticos y honestos con nosotros mismos. Dios te ilumine.

Por, Leandro Medina Cabrera, Comunicador Católico