Simplemente con ver a mi alrededor me doy cuenta que vivimos entre basura; la silla en que estoy sentada un día la tendré que tirar, la jarra con agua algún día se romperá y todo objeto que compré estará destinado a ser basura. Incluso antes de ser comprado ya estaba destinado a ser parte de ella.

Cuando compramos cualquier objeto, bienes de capital duraderos, como utensilios domésticos, automóviles, aparatos tecnológicos, etc., lo primero que tenemos presente es la calidad, “¿cuánto tiempo nos va a durar?”, sin embargo, tropezamos con una lamentable realidad, pues parece que los objetos ya no son duraderos, o que para mantenerlos hay que invertir en demasiadas reparaciones.

Al parecer ya no nos dejan salida, ahora los grandes productores controlan el ciclo de vida de la mercancía a su favor, haciendo que sean de menor calidad y así hacernos consumir en mayor cantidad. Compramos y compramos, desechamos y desechamos. Tomamos el camino más fácil, o el que aparenta serlo.

Pero al empezar ese camino fácil es donde realmente inicia la dificultad. Si pienso en cuantas sillas hay en mi casa y cuantas ya he tirado, y lo mismo con las jarras ¿Qué cantidad de basura ya estoy generando? Y no solo eso, en mi vida he tirado miles de objetos, miles de materiales: plástico, vidrio, aluminio, papel, fruta, verdura… todo esto revuelto, se llama basura y cuando se hace una debida separación se denomina, como me enseño mi maestra de la primaria, desechos orgánicos y desechos inorgánicos.

Cada tipo de material tiene un tiempo de degradación diferente. La materia orgánica tarda en degradarse de una a tres semanas, las bolsas de plástico de 20 a 50 años (las cuales nunca faltan en una compra), el aluminio de 200 a 500 años y el vidrio un millón de años. Como dirían nuestras madres “yerba mala nunca muere” pues esta solo se degrada, recordemos que la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma.

¿Dónde vamos a meter tanta basura? Materiales que duran más de 100 años van a terminar enterrándonos, y otros hasta a nuestros hijos. ¿Qué tal si nos preocupamos y nos ocupamos? Porque es un problema de todos, la contaminación no respeta territorio alguno, solo nos afecta y ya.

¿Le darías un yogurt echado a perder a tu hijo(a) o a alguno de tus familiares, sabiendo que le hará daño? Entonces tampoco les des un planeta dañado, echado a perder por tus malos hábitos. Es horrible ver las calles llenas de basura. Es enfermizo ver como las casas se inundan por culpa de las coladeras tapadas. ¿Qué tal si reutilizamos esa basura? que en vez de que tapen la coladera nos puedan servir nuevamente. Hoy te traigo una propuesta: antes de tirar algo a la basura, démosle siete usos más.

Por, Ana Karen García Martínez, Comunicadora Diócesis Valle de Chalco